No Es Falta de Fe. Es Algo Más Profundo que Nadie Habla.
Llevo años escuchando la misma historia.
Mujer ungida. Mujer de oración. Mujer que conoce la Palabra, que ayuna, que declara, que sirve, que diezma.
Y que no puede hacer que su negocio funcione.
Y lo primero que hace, porque es lo que le enseñaron, es orar más. Declarar más. Ayunar más. Buscar a Dios más. Dar más de gratis. Prepararse más.
Y sigue sin funcionar.
Entonces concluye una de dos cosas. O Dios no quiere que tenga éxito todavía. O hay algo malo en ella.
Ninguna de las dos es verdad.
Pero hay una tercera opción que nadie le está diciendo. Y esa tercera opción es la que lo cambia todo.
El año pasado tuve una conversación que no he podido olvidar.
Una de mis alumnas, una mujer brillante, certificada, con años de experiencia y un llamado genuino de Dios, me dijo algo que se me quedó grabado.
Me dijo: "Yazmin, he intentado de todo. Libros, oraciones, ayunos, declaraciones. Y aun así está como demasiado impregnado en mí. Por alguna razón que no comprendo, no puedo cambiar este pensamiento que se apodera de mí y me hace querer creer que mi negocio nunca funcionará. Ya ni cuenta me doy cuando aparece."
Yo la escuché. Y la entendí completamente.
Porque lo que ella estaba describiendo no es una crisis de fe. No es un problema espiritual que no ha sabido resolver. Es algo que tiene nombre clínico, que la neurociencia lleva décadas estudiando, y que la mayoría de los coaches y mentores en el mundo cristiano nunca mencionan porque no saben cómo hablar de ello sin que suene a que están cuestionando el poder de Dios o que no son espirituales.
Pero yo sí lo voy a decir. Porque compartir esto solo con mis clientas, es limitado y sé que tú también necesitas escucharlo.
Hay creencias que no viven en tu mente consciente.
Viven en tu cuerpo.

En tu sistema nervioso. En la forma en que tu corazón se acelera cuando piensas que tienes que cobrar o cuando alguien te dice que subas tus precios. En el bloqueo que aparece exactamente cuando estás a punto de presentar tu oferta.
En ese agotamiento inexplicable que llega justo cuando tu negocio empieza a crecer y de repente todo se cae. En los clientes que llegan y se van y tus ingresos nunca son constantes y predecibles. En ese ciclo que se repite una y otra vez sin importar cuánto declares.
Según investigaciones del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos, más del 83% de los adultos han experimentado al menos un evento traumático que deja una huella en el sistema nervioso, una huella que opera de forma automática, fuera del control consciente, y que puede sabotear el desempeño profesional, la capacidad de recibir abundancia y la habilidad de sostener el éxito.
83%.
Y eso es solo lo que se reporta. Porque hay traumas que no tienen el aspecto de trauma.
Traumas que se llaman crecer en escasez.
Que te enseñaran que el dinero es sucio o que los ricos son corruptos.
Que te hicieran sentir que pedir era molestia.
Que el amor se ganaba trabajando duro, no recibiendo gracia.
Eso no se va con una declaración.
Eso está instalado a nivel neurológico. En las mismas vías que tu cerebro usa para tomar decisiones todos los días. Y mientras esté ahí, todo lo que construyas por encima va a tener una grieta invisible en el fundamento.
Yo lo viví.
Eso mismo me pasó cuando comencé a ganar más $10,000 al mes, algo en mí se activó. No para celebrar. Para sabotear. Y lo tuve que superar en cada siguiente nivel...
En ese momento yo no lo veía como sabotaje. Lo llamaba confiar en el proceso. Lo llamaba esperar en Dios.
Pero hoy, con más claridad, lo llamo por su nombre: mi sistema nervioso no sabía cómo quedarse en ese nivel de éxito. Estaba condicionado para sobrevivir, no para sostener la abundancia. Y cuando llegó más de lo que mi identidad podía sostener, algo adentro lo expulsó y volvia a los meses de sequía en mi negocio.
Lucas 5:37 dice algo que siempre había leído como una parábola simple y que ahora veo como un diagnóstico preciso.
"Y nadie echa vino nuevo en odres viejos. Si lo hace, el vino nuevo reventará los odres, se derramará y los odres se arruinarán."
No dice que el vino es malo. No dice que el odre es malo. Dice que hay una incompatibilidad. Que si el recipiente no ha sido renovado, no puede sostener lo nuevo que Dios quiere darle.
Eso no es falta de fe. Eso es la ley del odre. Y es una ley que opera aunque tú declares, aunque ayunes, aunque ores.
Porque la oración activa el poder. Pero si el recipiente que debe recibirlo no ha sido renovado, el poder se derrama.

Aquí está lo que nadie te dice.
Hay un tipo de trabajo que la estrategia de negocios no puede hacer. Que la oración sola no puede hacer. Que las declaraciones no alcanzan a tocar.
Es el trabajo de la raíz.
La neurociencia lo llama reprogramación de creencias limitantes instaladas a nivel subcortical, en la parte del cerebro que opera antes de que el pensamiento consciente tenga oportunidad de intervenir.
La Palabra lo llama renovación del espíritu de vuestra mente (EF 4:23-32). No del conocimiento. EL ESPÍRITU DE TU MENTE. Esa parte profunda donde vive la identidad real, no la que declaras, sino la que tu cuerpo cree como una verdad absoluta.
Porque cuando la raíz sana, la fe que tú ya tienes finalmente encuentra tierra fértil donde producir fruto.
He visto el patrón repetirse demasiadas veces para ignorarlo.
Mujeres con todo lo que necesitan para monetizar su llamado. Y que aun así se mantienen todo el día ocupadas, haciendo cosas de su negocio, pero no las cosas que realmente producen clientes.
No porque no quieran.
No porque no crean.
Sino porque hay algo más profundo en su ser que la estrategia no alcanza a tocar.
Kathia Alsina llegó a mí creyendo que su problema era que la gente no tenía dinero para pagar. Pero en realidad era que sus precios estaban reflejando su identidad. Cuando trabajamos su identidad, su valor y su postura, su cuerpo dejó de interpretar el éxito como imposible. Kathia subió sus precios de $597 a $2,000 y cerró 11 clientes. Viste, los precios no eran el problema, era lo que ella creía que era lo máximo que ella podía cobrar.
El negocio no cambió primero. Ellas cambiaron primero. Y el negocio las siguió.
Entonces si llevas meses, o años, haciendo todo lo que sabes hacer, y los resultados no cambian, quiero que te hagas una pregunta honesta.
No qué estrategia te falta. No qué curso no has tomado. No qué tan fuerte estás intentandolo.
Si No está: ¿qué parte de mí todavía todavía no puede creer que si puedes generar $3,000 o $10,000 al mes de forma recurrente y predecible?
Porque esa parte existe en casi todas nosotras. Y no se rinde solo porque la reprendemos. Necesita un proceso real.
Un acompañamiento que llegue a la raíz.
No más información añadida encima de una fundación que todavía no es capaz de poder sostener la realidad que tanto quiere.

Tu vieja identidad no puede sostener tu nuevo nivel. Y eso no es un fracaso espiritual.
Es una invitación divina a un trabajo más profundo.
Por eso del 27 de abril al 6 de mayo voy a estar en vivo en YouTube cada mañana a las 7:30 AM hora central de Houston, Texas.
Diez días. Sin vender nada. Sin agregar valor genérico. Sin motivación de domingo por la mañana.
Donde estoy hablando de lo que realmente está pasando adentro. De una revelación que no se habla. Del piloto automático heredado y distorsionado por la religión. De las creencias que operan sin permiso. De la diferencia entre saber la Palabra y que la Palabra realmente se haga una revelación en tu vida y produzca frutos no solo espirituales, sino también monetarios.
Y de cómo Efesios tiene la respuesta más completa que he encontrado para todo esto.
Si llevas tiempo sintiendo que hay algo más profundo que Dios quiere hacer en ti antes de que puedas ver el fruto que llevas tiempo esperando, esta serie es para ti.
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Te veo en mi siguiente live.
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