¿Es falta de dinero... o miedo disfrazado de prudencia?

La conversación incómoda sobre fe, inversión y obediencia que muchas mujeres de fe necesitamos tener.

Hay una frase que escucho constantemente de mujeres que saben que Dios les ha dado un llamado, una idea, un negocio o una asignación: "Ahora mismo no tengo el dinero."

Hay una frase que escucho constantemente de mujeres que saben que Dios les ha dado un llamado, una idea, un negocio o una asignación.

Y quiero comenzar diciendo algo importante: 👉conozco perfectamente lo que significa no tener el dinero.

No estoy escribiendo esto desde una vida donde siempre tuve recursos, crédito, conexiones o capital disponible para invertir en mí.

Cuando llegué a Kingdom Builders Academy hace aproximadamente cinco años, yo no tenía un negocio rentable.

Ya me había certificado como coach. Había estudiado. Había comprado cursos. Había orado. Había tratado de hacer funcionar mi negocio durante más de dos años.

Tenía potencial. Tenía conocimiento. Tenía llamado. Tenía deseos.

Pero no estaba monetizando.

Y entonces llegó el momento de tomar una decisión.

El programa que necesitaba costaba $777 al mes.

En aquel momento yo no trabajaba. Mi esposo ganaba aproximadamente $16 por hora. Y quiero que entiendas la magnitud de esto: los $777 mensuales del programa eran más que el mortgage de nuestra casa en ese momento. 😬

No tenía el dinero de los próximos meses guardado en una cuenta. No tenía clientes esperando para comprarme. No tenía un lanzamiento preparado. No tenía una garantía de que iba a recuperar mi inversión. Y definitivamente no tenía una hoja de cálculo que dijera: "Yazmin, financieramente esto tiene perfecto sentido hacerlo ahora."

No lo tenía. 

Lo que sí tenía era una convicción.

Yo había llegado al límite de lo que podía producir haciendo las cosas de la misma manera

Durante dos años había estado intentando potenciar mi propio potencial. Estudiando más. Preparándome más. Orando. Tratando de descifrar cómo convertir todo lo que Dios había depositado en mí en un negocio real.

Y no estaba funcionando.

Entonces tuve que enfrentar una pregunta incómoda:👉 ¿qué me estaba costando seguir intentando hacerlo sola?

Porque muchas veces analizamos obsesivamente el costo de la "inversión", pero nunca calculamos el costo de quedarnos estancados donde mismo estamos.

Preguntamos:

"¿Cuánto cuesta el programa?" "¿Será que me dará resultados?" "¿Cuánto se tardará en ver resultados?" "¿De saldrá para pagar la mensualidad?"

Pero rara vez preguntamos:

  • ¿cuánto me está costando seguir sin resolver este problema?
  • ¿Cuánto cuestan otros dos años de confusión?
  • ¿Cuánto cuestan otros doce meses sin clientes?
  • ¿Cuánto cuesta continuar teniendo un llamado que nunca se convierte en algo tangible
  • ¿Cuánto cuesta seguir comprando pequeñas soluciones que nunca resuelven el problema principal?
  • ¿Cuánto cuesta ver a otros avanzar y yo seguir frustrada? 

Y quizás la pregunta más incómoda: ¿cuánto de mi vida estoy dispuesta a perder esperando sentirme completamente segura antes de obedecer?

Porque la fe nunca prometió darte todas las respuestas antes de comenzar

Hebreos 11:1 nos dice que la fe es "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."

No de lo que ya puedes comprobar. No de lo que ya tienes en tu cuenta bancaria. No de lo que ya sabes exactamente cómo va a suceder.

👉 De lo que todavía no ves.

Y aquí es donde muchas de nosotras tenemos que examinarnos. Porque a veces decimos que estamos "esperando en Dios", cuando en realidad estamos esperando tener suficientes garantías para no necesitar fe.

  • Queremos saber de dónde vendrá todo el dinero.
  • Queremos saber quién comprará.
  • Queremos saber cuánto vamos a generar.
  • Queremos saber exactamente cuánto tiempo tomará.
  • Queremos que Dios nos enseñe el paso cuatro, el cinco y el seis antes de estar dispuestas a tomar el primero paso de FE..

Pero esa no ha sido mi experiencia con Dios. Muchas veces Dios me ha mostrado el próximo paso, no todo el camino.

Cuando entré a aquel programa, yo no sabía cómo iba a pagar todos los meses. Sabía que tenía que pagar el primero. Después llegaría el próximo. Y después el próximo.

Hice el primer pago sin que mi esposo ni supiera, mientras yo aprendía, implementaba, corregía y construía. No me inscribí y me senté a esperar que Dios mágicamente pusiera dinero en mi cuenta. Trabajé lo que estaba aprendiendo.

Y para el tercer mes, cuando tenía que hacer mi primer lanzamiento generare más de $12,000. 🙌🏻

👉Aquello no ocurrió porque pagar un programa garantizara mi resultado. Ocurrió porque tomé una decisión, recibí dirección, aprendí algo que no estaba logrando resolver sola y, entonces, implementé.

Esa diferencia es importante.

La fe no es irresponsabilidad financiera

También quiero ser muy clara en esto.

No estoy diciendo que toda persona debe endeudarse. No estoy diciendo que cada vez que alguien te presente una oferta debes comprarla "por fe". 

Porque hay una diferencia entre prudencia y parálisis. Hay una diferencia entre esperar dirección y esperar garantías. Y hay una diferencia entre no poder hacer algo ahora y haber decidido que nunca harás nada hasta que todas las condiciones sean perfectas.

Pero existe otro costo del que casi nadie habla

El costo de esperar.

Conozco mujeres de 50, 60 y hasta 80 años que todavía están hablando de lo que "algún día" van a hacer.

  • Algún día escribiré el libro.
  • Algún día comenzaré mi llamado a ser coach.
  • Algún día ordenaré mi negocio. 
  • Algún día compartiré mi historia.
  • Algún día comenzaré el ministerio.
  • Algún día dejaré de esconderme.

Pero "algún día" tiene un precio muy alto. Porque NO te estás poniendo más joven y un día todos tendremos que darle cuenta a Dios por lo que nos entrego para multiplicar...

Los 50 se convierten en 60. Los 60 en 80. Y llega un momento donde la pregunta deja de ser solamente "¿cuánto me costará hacerlo?" y comienza a ser: "¿cuánto tiempo me queda para hacerlo?"

Para algunas mujeres, el próximo paso será invertir en mentoría. Para otras será finalmente romper con la culpa y comenzar a vender. Para otras será dejar de comprar cursos baratos y comenzar a implementar lo que ya saben. Para otras será hacer las primeras tres llamadas a potenciales clientes. Para otras será contratar ayuda. Para otras será reconocer necesito ayuda antes que sea demasiado tarde. 

Mi breakthrough comenzó antes de que llegara el dinero

Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de algo.

Mi primer gran cambio no ocurrió cuando hice los $12,000. Ocurrió antes.

Ocurrió cuando decidí que mis circunstancias actuales no iban a determinar automáticamente las posibilidades de mi futuro. Cuando decidí operar por fe y creer que él "COMO" le pertenecía a Dios. Cuando di mi primer paso de fe sin saber si el siguiente mes podría pagar. 

Los $12,000 fueron LA EVIDENCIA DE MI FE. Primero vino una decisión. Después la implementación. Después la evidencia. 

Hoy puedo mirar los últimos cinco años y ver cómo aquella decisión contribuyó a construir un negocio de múltiples seis figuras, una marca personal alineada a mi llamado, un programas que nació de mi propia experiencia y la mujer de negocios que hoy puede sostener cada siguiente nivel que Dios tiene para ella.

Pero aquella Yazmin que tuvo que autorizar un pago de $777 mensuales no podía ver nada de eso. Ella solamente podía ver el primer paso.

Y quizás eso es precisamente lo que significa caminar por fe. No tener garantía del resultado. No conocer todo el camino. No negar la realidad. Sino reconocerla y decidir que la realidad que ves hoy no necesariamente tiene la última palabra sobre aquello que Dios puede hacer a través de tu obediencia, tu trabajo y tu disposición para crecer.

Así que quiero dejarte con esto: no llames prudencia a lo que en realidad es miedo. Y tampoco llames "esperar en Dios" a permanecer inmóvil durante años mientras Él ya te ha mostrado el próximo paso.

Porque la fe no siempre te muestra cómo vas a pagar toda la inversión. A veces solamente te pregunta si estás dispuesta a obedecer con el primero.

Yazmin Vargas
Haciendo negocios a la manera de Dios

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